lunes, 12 de septiembre de 2011

Semana 4

Usted preguntará por qué educamos
El para qué de la función docente y de la educación creo que es una idea que se construye permanentemente. Nosotros estamos en constante transformación y en permanente conflicto con nuestras propias ideas previas, con los paradigmas a los que nos alineamos en alguna oportunidad, con los conceptos que defendimos en el pasado.
Por ejemplo, cuando comencé esta aventura de ser docente, cuando surgió la idea en mi cabeza, yo creía en la educación como un proceso imprescindible para la evolución de la sociedad y de los individuos. Creía que podía, desde mi lugar, contribuir a mejorar y cambiar el mundo. Esta es una idea que hoy relativizo: podemos contribuir a los cambios; pero mucho menos de lo que yo creía. Hay un conjunto infinito de elementos que no están bajo nuestro campo de acción y que muchas veces nos obstaculizan el cumplimiento de objetivos tan amplios.
Más tarde, en mi época de estudiante en el IPA, supe que aquella idea, que había interiorizado desde mi niñez, de que la educación debe formar en valores y crear ciudadanos responsables, tenía una fuerte ideología detrás con la que yo no comulgaba.
En época de crisis económica, debí desterrar aquel concepto que escuché durante años de que la educación permite ascender socialmente.
¡Tantas ideas más relativicé a medida que fui reflexionando sobre la educación y el rol docente! 
Hoy pienso en el para qué y ya no tengo esos grandes proyectos en mente. La cosa es más simple; quiero incidir en el alumno, individualmente; a lo sumo, en el grupo, en el centro educativo, en la comunidad; pero no más. Entiendo que ese es mi objetivo. Si con eso se operan otros cambios más grandes, bárbaro; pero no miro hacia la utopía queriendo alcanzarla, solamente la tengo como horizonte.
Entonces, hoy elijo educar para contribuir a que los alumnos aprendan a hacer, saber vivir, ser felices, disfrutar, creer en sí mismos. Para que se interesen por los otros y puedan comprenderlos; y, en ese sentido, elijo la literatura que supone una especie de "ejercicio" en el que se aborda al otro mediante la emoción, es una forma distinta e interesante de empatía.
Pero también hay algo de egoísmo en todo esto. Elijo educar para contribuir en mi propia formación, en mi forma de ver el mundo y de comprender al otro. En suma, participo de la educación porque desde allí puedo incidir en otros y los otros pueden incidir en mí. Lo visualizo como una tarea que me enriquece.
Hoy pienso que, si verdaderamente es tan importante el para qué, de pronto nuestra primera tarea debe ser cooperar para que los alumnos descubran su para qué. Según el razonamiento de la segunda conferencia propuesta, si el para qué de mis alumnos no coincide con el mío, probablemente, no habrá "negocio" exitoso entre nosotros. Pienso que es demasiado determinista; ¡ojalá lo sea! O, incluso mejor, ¡ojalá haya coincidencia entre nuestros para qué!

Cazando mitos
En la reflexión anterior hice algunas referencias en cuanto a ideas en torno a la educación que, a mi criterio, han perdido validez en nuestro contexto o, quizás, nunca la tuvieron:
  • La educación puede cambiar el mundo
  • La educación permite ascender socialmente
  • Educar supone formar ciudadanos responsables
No cabe un análisis para estos asuntos como el que se realiza en Cazando mitos. Sin embargo, permiten reflexiones acerca de ciertas ideologías que subyacen. Parto del supuesto de que cada vez que se involucra la palabra "mejor" hay detrás una cierta concepción del mundo que no quiero compartir, pero de la que se me hace muy difícil despojarme. Si suponemos que la educación hace posible un mejor ciudadano, una sociedad mejor, un mundo mejor, un trabajo mejor, una posición social mejor, etc.; es porque partimos de la base de que existen ciudadanos, sociedades, mundos, trabajos y posiciones sociales mejores y peores; en lugar de diversos, distintos. Entonces cuestionamos que el otro quiera vivir distinto, tenga otros intereses, vista diferente, incluso hable diferente; porque no se adapta a lo que nosotros defendemos. Entonces, desde estos supuestos, educamos para moldear al alumno, acercarlo cada vez más a un modelo que creemos válido porque existen ciertas estructuras de poder que lo imponen como válido (explícita o implícitamente). Pero ¿dónde queda lo que el adolescente considera válido, lo que él quiere o lo que su entorno quiere?
Distintas visiones del mundo, distintos objetivos, distintos lenguajes; cada uno creyendo que el propio es el válido y sin entrar en un diálogo. Desde ese lugar, la educación se aleja del estudiante y, con ella, también nosotros. No existe educación posible sin un intento por comprender, ponerse en el lugar, encontrar un código común.
Educar implica actualmente buscar ese código común y colaborar en que cada uno encuentre su para qué; supone desterrar la idea de que existen mejores y peores objetivos; y sostener una postura de existencia de para qué diversos, respetables y compatibles.

Para descontracturarse
(Gentileza de Carolina Perdomo)

2 comentarios:

  1. Hola Raquel, tu contendio está muy bueno, me atrevo a hacerte una sugerencia.¿Por qué no publicás cada uno de los apartados,los que están bajo subtítulo, en una entrada diferente?
    Un fuerte abrazo

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  2. Hola!
    Creo que es una buena sugerencia.
    De todas formas está genial el contenido.
    saludos
    yacir

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